Mi primera vez con la Terapia Craneosacral

Testimonio de Alex M.

Post.10_craneosacralLlevé a mi hijo de 11 años a ver a Silvia después de haber probado de todo sin ningún éxito. Antes vivíamos en Sudáfrica y nos trasladamos hace 3 años. Mi hijo tenía problemas estomacales que le empezaron hace dos años y medio. Era un niño con mucha energía al que le encantaba hacer deporte y nunca se quedaba sin fuerzas o se quejaba de nada; simplemente disfrutaba de la vida y parecía feliz. Desafortunadamente, cuando el dolor y los calambres aparecían, ya no era capaz de jugar a nada y se tiraba al suelo retorcido de dolor y sintiéndose muy débil. Lo llevé a todas partes para hacerle todo tipo de pruebas, desde gastrointestinales hasta de alergias, pero siempre salían negativas.

Cuando fuimos a ver a Silvia, ella revisó su historial médico y le hizo todo tipo de preguntas acerca de lo que comía, qué vida llevaba, le palpó la zona que le dolía, etc. Durante la evaluación, Silvia pensó que podía tratarse de parásitos en el estómago o intolerancias severas así que sugirió que se le realizara un análisis completo de heces. Al mismo tiempo, propuso que comenzase una dieta de eliminación (empleada por muchos naturópatas) para localizar qué alimentos, si había alguno, estaba sometiendo a estrés a su sistema.

Post.10_CraneosacralJunto con lo anterior, Silvia decidió hacer algo llamado ‘Terapia Craneosacral’; nos dijo que gracias a esta terapia el cuerpo de mi hijo le mostraría si había pasado algo por alto o si había algo más que estuviera interfiriendo en su sistema: Silvia pidió a mi hijo que se tumbara en la camilla y que le dijese en cualquier momento si había algo que le incomodase, aun cuando éste sea un tratamiento no invasivo y no tuviese que quitarse la ropa. Puso las manos sobre sus pies de manera suave y le dijo que iba a hacerle un pequeño escaneo de su sistema desde ese punto antes de empezar a mover sus manos a cualquier otro sitio. En pocos minutos pude ver cómo mi hijo hiperactivo se relajaba un poco. Lo más sorprendente de todo ocurrió apenas 10 minutos después; Silvia dijo: “lo siento pero parece que mi evaluación anterior es totalmente equivocada. Tú, jovencito, tienes ansiedad atrapada en la barriga y esto te está debilitando y provocándote calambres”.

Silvia nos dijo que estas cosas no siempre aparecen tan clara y rápidamente pero que no tenía ninguna duda de que se trataba de que su sistema nervioso estaba disparado, lo que le provocaba la ansiedad. Entonces comenzó a hablar con mi hijo mientras le daba la sesión (en este punto, cambió la posición de sus manos y las trasladó a la parte baja de la espina dorsal, que ella llamó el ‘sacro’). Le preguntó cosas como si había algo que le molestara en casa, en el colegio, con sus amigos. “¿Tienes miedo de algo o de alguien?”. Él siguió respondiendo que no a todo y miraba a otro sitio cuando ella le preguntaba. Entonces Silvia empezó a contarle la historia de cómo algunas veces no nos damos cuenta de que las cosas que nos molestan pueden afectar a nuestro cuerpo de múltiples maneras; incluso le contó una historia personal que había afectado a su percepción de sí misma hasta que se dio cuenta de adulta de que su propia percepción era equivocada y condicionó su vida durante mucho tiempo. Entonces mi hijo empezó a abrirse contándole que no le gustaban algunos amigos del colegio, que sentía que no encajaba y que echaba de menos su casa y su colegio en Sudáfrica. Yo me quedé en shock ya que mi hijo nunca me había dicho nada por mucho que yo le había preguntado en muchas ocasiones.

Silvia me dijo que cuando él comenzó a hablar, su cuerpo empezó a reaccionar mientras reconocía todo el estrés por el que estaba pasando y que estaba asimilando rápidamente el tratamiento. Cuando terminó la sesión, Silvia recomendó a mi hijo que hablara con alguien acerca de cómo se sentía o que incluso que escribiera sobre ello si prefería no contárselo nadie. Silvia nos pidió que volviéramos a verla en 2 semanas y para hacer de cualquier modo la prueba antes mencionada y la dieta de eliminación, para estar completamente segura. Le hicimos los test y salieron negativos. Mi hijo empezó a escribir su diario.

Esa única sesión le hizo algo porque, desde entonces, era capaz de jugar sin sentir dolor todo el rato, aunque a menudo seguía sintiéndose cansado. Después de la segunda sesión era un niño diferente: no tenía más dolores, calambres o problemas y se dio cuenta de la importancia de comunicarse cuando algo no iba bien, y continuó escribiendo su diario mientras se esforzaba por hablar con los demás sobre sus emociones.

Encontrar a alguien que pudiera llegar al verdadero problema de mi hijo fue la clave y una bendición después de tanto tiempo perdido, lágrimas, dolor y pena no solo de mi hijo si no de toda la familia. Estamos muy agradecidos a Silvia, a la Naturopatía y a la Terapia Craneosacral por devolvernos la salud de mi hijo.


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